Tras la manifestación de ayer congregada en Torrero, una no puede estar más orgullosa de su barrio, un lugar de los pocos que quedan en esta sociedad, un lugar donde la gente se mueve por lo que piensa, y apoya causas sociales.
En un mundo, en el que los centros sociales y juveniles, han pasado a una mejor vida, cambiados por únicas manifestaciones a favor del botellon, donde la gente sólo es capaz de reunirse cuando un equipo de fútbol gana, (en ambas cosas estoy a favor, pero me parece triste que no se haga nada más por lo demás), el barrio de Torrero consiguió una victoria moral por la represión, una victoria sobre la violencia desmesurada.
Desde cuando nos hemos vuelto conformistas, sólo importa nuestro consumismo.

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