Al fin lo entendí, hasta ahora sólo me había desenamorado, sentido la sensación ilógica del amor, querer y no poder, intentar olvidar, obsesionarte, creerte el centro del mundo, pensar que nunca existió nada igual, aferrarte a una atracción, desear y prohibir al mismo instante, pero al fin lo entendí, nada de eso tiene que ver con la calma del querer, son sólo capítulos, y con la tranquilidad comienza siempre la novela.
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